El Real Madrid-Barcelona, el clásico español que más pasiones despierta en todo el mundo, se ha convertido en una cuestión argentina, en un duelo en el que la importancia de los jugadores de la selección albiceleste ha desbancado a la de los brasileños, dominadores en temporadas anteriores.
No son sólo las ausencias de jugadores como Ronaldo y Roberto Carlos, claves en el juego del Real Madrid de los últimos años, sino el momento de forma del resto, que los ha relegado a un papel secundario.
Mañana no estará en el Santiago Bernabéu Ronaldinho, aclamado en este mismo recinto hace dos temporadas, cuando se exhibió y marcó dos de los tres tantos con los que el Barcelona avisó de que la Liga tenía dueño.
Las lesiones, reales o ficticias, y las sospechas de que dedicaba más esfuerzo a la vida nocturna que a los entrenamientos terminaron por distanciarle, primero, de la directiva, posteriormente de la afición y, por último, del entrenador, Frank Rijkaard, el último paraguas que le cobijaba.
Ronaldinho tuvo su última gran oportunidad en el partido de la primera vuelta frente al Real Madrid, el 23 de diciembre, y su decepcionante actuación fue la confirmación de que no volvería a ser el mejor jugador del mundo.
Con Edmilson lastrado por las lesiones, Belletti, el héroe de la final de París, traspasado al Chelsea y Sylvinho relegado a un papel menor, la influencia brasileña del Barcelona prácticamente ha desaparecido.
Si el comienzo de una nueva etapa en el conjunto catalán estuvo marcado por el trueque de "holandeses por brasileños", la ausencia de estos señala, ahora, un nuevo fin de ciclo azulgrana.
Además, entregada a la quema de los "fantásticos", la afición tan sólo salva de la pira al argentino Leo Messi.
De forma menos traumática, pero también progresiva, el Real Madrid se ha ido desprendiendo del ascendente brasileño.
Primero fue la venta de Ronaldo, traspasado al Milán por 6 millones de euros que, al principio, parecieron ridículos y, al cabo de un año, excesivos. Y, tras él, Roberto Carlos se fue al Fenerbahce turco junto a Zico.
Robinho, apoyado en su condición de mejor jugador de la Copa América, y Julio Baptista que cambió la percepción que de él tenía Bernd Schuster hasta hacerse con un puesto de titular, parecían destinados a tener un papel relevante en el Real Madrid campeón de Liga.
De hecho, fue Baptista el autor del gol del triunfo en el Camp Nou, en lo que significó el primer gran golpe de mano madridista al campeonato.
Sin embargo, la indefinición de éste, sobre si debía jugar como medio centro o más adelantado, y la irrupción del argentino Fernando Gago como complemento ideal de Guti terminaron por dejarle sin sitio en el equipo.
De igual forma, Robinho, que parecía el jugador más decisivo de la primera vuelta, ha terminado por ser suplente del holandés Arjen Robben.
Frente a ese descenso de los brasileños, emerge el fútbol argentino. Messi es, junto al joven Bojan Krkic, el único que aún mantiene la ilusión de la afición barcelonista y el papel de Fernando Gago ha crecido en el Real Madrid, tanto como el del defensa Gabriel Heinze, ausente tras ser expulsado en Pamplona.
La perseverancia de Gonzalo Higuaín, por último, le ha convertido en el último héroe blanco. De delantero sospechoso, que temblaba frente al arco rival, ha pasado a goleador oportuno, decisivo en los dos últimos títulos del Real Madrid.
Mañana, en el Bernabéu, el resultado dependerá, en buena medida, de la actuación de estos, con Javier Saviola a la espera de tener una nueva oportunidad para reivindicarse, ante la afición propia y la rival.
Fuente: EFE