El shogun que venció a un Dios
El shinto era la religión oficial de los antiguos guerreros samurai. Shinto significa "camino de los dioses o espíritus".
Esta creencia se remonta a una visión animística del mundo asociada con el culto tribal de las deidades del clan.
Empleo la palabra animismo para indicar la doctrina de que las cosas de la naturaleza están animadas igual que nosotros por un alma o por una clase especial de vitalidad. O sea que los antiguos japoneses lo veneraban todo, tanto un objeto natural como un ser humano, siempre que lo venerado parezca manifestar un poder o belleza inusuales. Cada uno de estos objetos o seres se llama Kami (deidad o espiritu). La naturaleza esta habitada por una cohorte infinita de deidades o espíritus, por consiguiente la religión shinto es una combinación de adoración a la naturaleza y culto ancestral. Por ejemplo, el emperador tiene origen divino (kami), ya que es descendiente de la Diosa del Sol (Ama-Terasu).
Esta es una de las razones principales por las que los cristianos fueron perseguidos en la antigüedad en las islas del Japón. Los shogunes veían a esta nueva religión como algo amenazante para su poder, ya que la doctrina cristiana promueve la paz y el amor hacia los enemigos, dos puntos muy contradictorios en los tiempos de guerra de los clanes japoneses.
Esto ocasionó varios incidentes en que los japoneses convertidos al cristianismo pagaban muchas veces con su vida el pertenecer a esta religión traída a las islas por los jesuitas de la mano de San Francisco Javier. Varios fueron los shogunes que los persiguieron, entre ellos Ieyasu Tokugawa, Hideata Tokugawa e Iemitsu Tokugawa. Este último llevó la matanza al máximo en el año 1637 durante la rebelión del pueblo de Shimabara: una pequeña reprimenda a un campesino que no pudo pagar sus impuestos y al que los soldados castigaron azotando a su hija, se convirtió en un levantamiento del pueblo que atacó a los soldados y los asesinó. Indignados ante este hecho se sumaron miles de cristianos cansados de ser perseguidos, sumando unas 40.000 personas se refugiaron en un castillo abandonado a esperar la reacción de las tropas del shogun. Y así fue Iemitsu envió sus tropas a castigar a los insurrectos, estaba decidido a acabar con la rebelión, pero esto le llevó mas tiempo de lo que esperaba. Los rebeldes estaban bien apertrechados en un castillo rodeado por el agua por 3 lados, esto lo hacía accesible solo por un lado. Las tropas de Iemitsu batallaron durante 4 meses, cansado de esto, el shogun pidió a un pequeño grupo de portugueses que residía en Japón que lo ayudasen y ataquen con los cañones de uno de sus buques por mar. Aceptaron no muy convencidos pero ¿quién podía negarle algo al shogun?
El castillo fue bombardeado y las tropas penetraron llevando a cabo una sangrienta batalla en la que los cristianos y rebeldes eran decapitados.
Luego de esto, Iemitsu expulsó a todos los extranjeros e incluso a aquellos japoneses que estaban en el extranjero no podrían volver a las islas, ya que las fronteras estaban cerradas. Además, hizo quemar todos los barcos para que nadie pudiera abandonar las islas.
En 1639 un barco portugués ignorando el bloqueo penetró en las islas, los soldados del shogun apresaron a sus tripulantes y 55 de ellos fueron asesinados, el resto fue liberado para que regresaran a su país con el siguiente mensaje: No queremos en nuestro imperio a su rey ni a su Dios, si regresan serán decollados.
Los portugueses y demás extranjeros no regresaron. Se llama a esta época el período del aislamiento. Así, Iemitsu Tokugawa logró vencer a los extranjeros y a su Dios, ya que por 216 años las fronteras de Japón estuvieron vedadas a estos y su religión.
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